1. Apta para la desinfección de la ropa y del hogar

La ropa al igual que nosotros está en contacto diariamente con gérmenes y bacterias que transportamos al hogar. Además, a día de hoy, el lavado de ropa se hace a baja temperatura: el efecto destructor de los microbios por la temperatura, por tanto, es limitado. La ropa puede estar limpia, pero no desinfectada. De este modo, ciertos microbios quedan incrustados dentro de las fibras. Estos pueden provocar malos olores, ser el origen de irritaciones en la piel, y eventualmente pueden transmitir enfermedades.
Junto con el lavado regular es necesario agregar lejía para desinfectar los tejidos especialmente cuando han acumulado un poco de humedad. Además la lejía actúa como blanqueador y eficaz eliminador de manchas.
Se aconseja desinfectar la ropa del hogar (servilletas, toallas, manteles, trapos…) y la ropa que está en contacto con la piel, sobre todo la de niños, bebés y enfermos.